Murió mi padre

y su casa se quedó con los ecos de su voz

recorriendo las habitaciones,

tratando de encontrar consuelo.

 

Cuando el partió

los corredores se quedaron en oscuridad,

como esperando volver a ver la luz

que el siempre colocaba.

 

Cuando decidió dejar de respirar

los escalones y el patio enmudecieron

al no volver a escuchar su ¡hay cabrón! ¡hay cabrón!

haciendo el esfuerzo para caminar.

 

Murió mi padre

y los techos de la casa

siguen apuntando al cielo;

como esperando ver su rostro una vez más.

 

 

 

Karen Alexa Luna Olmos – Alelu Olmos

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